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«Me gusta contarle a los argentinos que me hacía falta esto»

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Foto: Archivo.

El cantante y compositor uruguayo Fernando Cabrera, uno de los grandes referentes de la música rioplantense, habló con Télam acerca de la alegría que significa volver a la Argentina tras más de dos años de ausencia para presentarse el miércoles y jueves próximos a las 20.30 en el teatro Astros, y se refirió entre otras cuestiones al «vicio» de hacer canciones, algo que siempre lo «llevó adelante» en su vida.

Agradecido por un presente que lo llena de reconocimiento, Cabrera, de 65 años, sigue siendo un caso diferente en la escena musical, no sólo porque la popularidad le llegó cuando tenía tres décadas de trayectoria, sino también por su enorme capacidad de reinventarse y a la vez de sorprenderse con lo que su música despierta en cada vez más personas.

«Estoy contento y para mí no deja de ser una novedad estar en esta tan legendaria avenida de Buenos Aires, donde están todos los teatros; me da una alegría muy grande, es una linda sensación», dijo el creador de canciones como «El tiempo está después», «Dulzura distante» y «Un par2 en una entrevista con esta agencia realizada en el auditorio de Radio Nacional.

«Me gusta contarle a los argentinos que me hacía falta esto, porque como todos sabemos el ser humano se acostumbra fácil a lo lindo –expresó-. Empezás a sentir la necesidad de que eso que te gustó se repita la mayor cantidad de veces posible, y yo me había acostumbrado a lo lindo que es para mí venir a la Argentina, entonces extrañaba».

Cálido, espontáneo y de buen humor, el músico contó que interpretará una buena parte de su último disco, “Simple” (el primero que grabó solo, sin otros músicos), hará una recorrida por el resto de su repertorio e incluso presentará una canción nueva.

En estos conciertos en Corrientes 746 tocará acompañado por Diego Cotelo, joven músico uruguayo, con quien viene trabajando desde que compartieron escenario en el recital que Cabrera dio por streaming desde el auditorio Sodre de Montevideo en 2021.

«Ahí empezamos -recordó- y estoy muy contento y muy conforme. Toca varios instrumentos, canta, fue integrante del grupo Perotá Chingó y ahora tiene su banda en Uruguay, produce y acompaña a otros cantantes, es un tipo muy movedizo».

– Después de haber creado tantas canciones, muchas de ellas versionadas por artistas como Javier Malosetti y Liliana Herrero, y partiendo de una vara tan alta, ¿te resulta difícil hacer temas nuevos?
– Sí, pero me refiero a la cantidad no a la calidad. Cuando hiciste 250 canciones o más, llega un momento en que también se te acaban los temas. Ya hablé de la infancia, del barrio, de la ciudad, de la historia, de mi abuela, de mi madre, de mis hermanos, de un amor perdido (risas). Ya toqué unos cuantos temas.

– Pero siempre te das maña y le das una vuelta de rosca.
– Tengo el vicio en el mejor sentido de la palabra, es una cosa que te es necesaria para vivir. El motor y el punto de partida es la composición, eso es lo que siempre me llevó adelante y focalizó mi vida, es lo que más me gusta y lo que más me importa. Hasta hace un tiempo pensaba: “si a mí se me acaba el rollo, se me cierra la canilla, va a ser horrible vivir sin componer más”. Pensaba que mi vida no tendría más sentido, pero ya no pienso tan así. Si se para acá, está bien.

– Lo bueno es que las canciones llegaron a la gente. Pareciera que cuesta abrir esa puerta a tu mundo, pero él que entra se queda.
– El que abre la puerta se encuentra con bastantes cosas; me pasó toda la vida, les cuesta entrar, después los atrapo.

– El domingo pasado también lograste llevar tu clima a la televisión argentina en “La peña de morfi”, por Telefe.
– Sin quererlo, que no se tome como una arrogancia ni mucho menos, sale naturalmente así: lográs llevar la situación a tu clima. Ir a la televisión es tan estresante… los nervios, la velocidad, antes que vos hay un mago y después una vedette, la cocina. Es muy difícil concentrarse, en Uruguay me pasó un par de veces que salí enojado porque no sos vos mismo en la tele. Sin embargo en “La Peña…» pasó algo especial, el clima se armó, ellos mismos me dieron una gran mano cuando hicimos una prueba de sonido. Todos los técnicos, el sonidista e infinidad de gente detrás de cámara, estaban muy atentos, había un silencio total. Canté tres canciones y vi que algunas personas las seguían con los labios, increíble. Detrás de cámara toda la gente que había me hacía gestos lindos, era como estar en un teatro.

– ¿Es cierto que la pandemia no te afectó tanto en lo personal? Seguramente te habrá tocado desde otro lugar.
– Ni qué hablar desde el punto de vista de los ingresos, todo el mundo que trabaja en el mundo artístico, más toda la que trabaja en el turismo, la gastronomía y la hotelería, tuvimos más de dos años sin ingresos, se nos cortó todo. Yo de algún modo pude mantenerme, pero fue muy difícil para nosotros. Hemos sufrido esa parte muy duramente. Pero después, medio en chiste también, me vino bien la pandemia, que no se tome a mal, porque tenía el argumento ideal para zafar de una cantidad de compromisos.

– ¿Tenés muchos?
– Mi vida se ha convertido en un tironeo social. En Uruguay todo el mundo que tiene un proyecto piensa que yo soy la persona adecuada para integrarlo. Eso puede incluir desde ser jurado de no sé que, participar de la dirección de la institución de no sé cuando, ir a todos los beneficios que se te ocurran (porque a uno se le voló el techo de una escuelita o porque uno se va operar del corazón). Después, millones y millones de amigos, porque la vida nuestra te facilita mucho el tema de las relaciones sociales, entonces tenés amistades, conocidos y compromisos. Está uno que se casa, el otro que bautiza al hijo, un asado. Yo hace unos años que ni atiendo el teléfono, ya ni me afecta, entonces la pandemia fue un alivio. Todo esto dicho con humor, que se me permita el chiste para alivianar un poco; todos sabemos lo duro que fue todo.

– Se te ve siempre muy agradecido.
– Me está empezando a ir bien recién ahora, a los 65 años, toda mi vida fui un ciudadano más y lo sigo siendo, nunca me tragué el caramelo del artista, de la estrella, del especial. En mi psicología no existe eso, yo soy como cualquier artesano, como el que tiene un quiosco en el barrio, y ahí vienen los vecinos y yo les vendo alfajores y charlamos.

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