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La resistencia al cambio y lo desconocido, en una obra dirigida por Mauro Pérez

Actan Maia Muravchik Graciela Pafundi Cesar Repetto Ailin Zaninovich
Actúan Maia Muravchik, Graciela Pafundi, Cesar Repetto, Ailin Zaninovich.

«Todo bien mientras nos muramos por orden de ascendencia», una pieza del dramaturgo croata Ivor Martinic, dirigida por Mauro J. Pérez, que retrata la resistencia de los seres humanos al cambio y a lo desconocido, así como a los compromisos afectivos, se estrena este domingo en la sala porteña El Método Kairós.

«Es una obra que busca reflejar cómo nos resistimos a lo desconocido, al cambio, a dejar nuestros lugares comunes, aunque en esos lugares no nos sintamos cómodos, la pasemos mal o suframos», explicó Pérez, quien también está a cargo de la dirección de «El juego de la silla», pieza escrita por la actriz y cineasta Ana Katz, en una entrevista con Télam.

«Pero además -abundó el director-, habla de cómo nos cuesta a las personas tener una responsabilidad afectiva hacia los otros, es más fácil poder escaparnos de la situación que afrontarla porque el miedo nos detiene. Incluso el miedo a que se nos pueda cumplir eso que soñamos con tanta fuerza nos paraliza, nos deja inmóviles».

En la trama, las contradicciones humanas se ven expuestas durante un violento temporal que arruina la inauguración de un restaurante, lugar en el que los presentes aguardan la llegada del hijo de la familia, quien esa noche planeaba su partida hacia otro continente en busca de sus sueños.

Todo bien mientras nos muramos por orden de ascendencia una pieza del dramaturgo croata Ivor Martinic
«Todo bien mientras nos muramos por orden de ascendencia», una pieza del dramaturgo croata Ivor Martinic.

¿Por qué elegiste esta obra de Ivor Martinic?
Siempre me interesó indagar sobre las relaciones personales, pero más puntualmente en los vínculos familiares, y a su vez he leído varios textos de dramaturgos croatas. Ivor Martinic es uno de mis preferidos; el año pasado volví a ver «Mi hijo solo camina un poco más lento» y me interpeló mucho más que cuando la vi por primera vez en 2014, y ahí surgió el deseo de encarar un material que sea rico en cuanto a la dramaturgia y a la estructura de los personajes. Así llegué, de casualidad, a leer un fragmento de una escena de «Todo bien mientras nos muramos por orden de ascendencia». Había algo de esa escena que me llamaba poderosamente la atención y no dudé en escribirle a Ivor, le pregunté si podía leer la obra completa y él muy generosamente me pasó el texto. Me acuerdo que lo leí en una hora y le volví a escribir diciéndole que quería dirigirla, no sabía muy bien cómo, ni con quién, pero estaba seguro de que era ese el material que necesitaba para poder abordar la temática que trata esta pieza.

¿Volcaste una mirada local en los personajes?
Eso fue lo que más me sorprendió del texto; la obra transcurre en uno de los países chicos de Europa. Paolo, el hijo de Elza y Janko, esa noche se va a vivir a América, a cumplir su sueño de dejar un país pobre que le da vergüenza, pensando que en otro continente va a encontrar algo mejor. Y me asombró porque desde acá, en América Latina, se instauró que radicarse en otro país o en el extranjero es lo mejor que nos puede pasar, ya que no hay futuro. Fue lo que más me llamó la atención; tanto fue así, que sentí que la obra hablaba de una temática universal, que puede transcurrir en cualquier parte del mundo. También me parecía interesante que esto pueda suceder en donde está planteado originalmente, para mostrar que no es solo el argentino que quiere irse a EEUU al Viejo Continente porque en el primer mundo se vive mejor, sino que todos queremos escapar cuando algo no nos da seguridad o no nos gusta.

¿Cuál es el mayor atractivo de la historia?
Las grandes contradicciones de los cuatro personajes, pero además el contexto donde sucede: la noche de inauguración de un restaurante que se ve suspendida por un caos de tránsito y un corte de luz causado por una tormenta. Esa situación casi límite obliga a los personajes a estar en un estado de alerta constante donde cada uno va a defender lo propio y expone todas sus miserias y también algo de sus virtudes como seres humanos. Esos padres que quizás no fueron cariñosos con su hijo, la pareja actual del padre que se mal acostumbró a ser un objeto de los hombres, olvidando su propia autonomía como mujer, y esa novia dejada por Paolo que se resiste a entender que el amor de pareja también se puede terminar, como la propia vida.

Estás dirigiendo también una obra de Ana Katz, ¿cómo ves la vuelta del teatro luego de la pandemia?
Sí, estoy dirigiendo «El juego de la silla», de Ana Katz, que ya va por su cuarta temporada, ahora en El Tinglado. Es una obra hermosa que amo hacerla y que la estrenamos antes de la pandemia y aún sigue vigente.

La vuelta al teatro la veo con mucha pasión, hay bastantes proyectos nuevos y otros que habían quedado truncos por la pandemia y volvieron a activarse y la verdad que eso se festeja. El otro día hablaba con un director y me decía que estamos viviendo la época del «poliamor» en el teatro, porque todos y todas estamos haciendo varios proyectos a la vez y creo que hay dos motivos: las ganas de hacer obras, porque durante casi dos años y de un día para el otro dejamos de hacerlas y porque también cuesta mucho vivir de esta profesión.

«Todo bien mientras nos muramos por orden de ascendencia»

Con actuación de Maia Muravchik, Graciela Pafundi, Cesar Repetto, Ailin Zaninovich, autoría de Ivor Martinic, traducción de Nikolina Zidek y dirección: Mauro J. Pérez, se puede ver todos los domingos a las 20 en El Método Kairós (El Salvador 4.530).

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